may, 2015: Terrorismo de autor

  1. Obra
  2. Presentación
  3. Entrevista
  4. Opinión
  • Terrorismo de autor Terrorismo de autor: los artistas de todo a 1 euro

    2015 / 25´ 10” / Vídeo / HD

    ¿Dónde está el dinero?

    Pieza exclusiva de Terrorismo de autor para “Pantalla CCCB: un mes, un artista”. Incluye sus trabajos “#Ocupaeldinero”, “Los cuatrocientos golpes”, “Le jour et la nuit”, “Recortes reales”, “Educación para la ciudadanía”, “Freudlán, el neoedipo” y “VHS Haikiu”.

Terrorismo de autor es un colectivo anónimo-delirante nacido en el 2012. A través de piezas audiovisuales de carácter político y social, se proponen protagonizar en la actualidad un remake estético e ideológico del Mayo del 68 francés. Combinando humor, viralidad, performance y Nouvelle Vague, plantean una acción revolucionaria que no es ni violenta ni pacífica, sino creativa.

Terrorismo de autor: los artistas de todo a 1 euro es una pieza exclusiva de Terrorismo de autor para “Pantalla CCCB: un mes, un artista”. La pieza incluye algunos de sus trabajos realizados hasta el momento: #Ocupaeldinero, Los cuatrocientos golpes, Le jour et la nuit, Recortes reales, Educación para la ciudadanía, Freudlán, el neoedipo y VHS Haikiu 

«No tenemos otra salida más que delirar nuestra identidad junto con la historia. Excluidos del juego social, retornamos de manera alucinada: ¡Somos el Comité de Salvación Pública! ¡Somos el Chavo del 8! ¡Somos Pier Paolo Pasolini! ¡Somos Buenaventura Durruti! ¡Somos Felipe Juan Froilán de Todos los Santos de Marichalar y Borbón! Política psicosis para estos tiempos de denegación. Un chino dijo: “La acción no debe ser una reacción, sino una creación”. Por eso mismo precarizamos nuestras imágenes, ya de por sí precarias. Ante la urgencia del presente, confrontar imágenes que antepongan la necesidad, el deseo y la toma de posición ante los cantos de sirena del espectáculo, la vanidad y el entretenimiento, así como ante las condiciones de precariedad y explotación en las que estas se producen.»

https://es-es.facebook.com/Terrorismodeautor

¿Por qué y cómo se crea “Terrorismo de autor”?

Terrorismo de autor nace de una necesidad, de un deseo de emancipación y autonomía, de soltar ciertos hábitos y caminos ya transitados a la hora de producir imágenes y también de un cuestionamiento propio. En 2011, algunos de los miembros del colectivo relacionados con el trabajo audiovisual se preguntaron si no había llegado el momento de crear desde la necesidad más primaria; es decir, crear porque sí, sin objetivo, sin la intención de buscar réditos, por puro placer y diversión. La deriva niño. Dicho de otra manera por uno de los miembros y publicistas del colectivo: “¿Cómo sería hacer publicidad sin cliente, sin mercancía o amo? ¿Cómo podemos abolir internamente el reinado del dios Mercado?” No es una pregunta fácil de responder, ya que te deja en pelotas, vacío e incómodo. Además es una pregunta extrapolable a otros ámbitos, no solo al de la publicidad. De hecho, hubo que esperar un tiempo, volver a las andadas, al programa de siempre, para continuar profundizando en esta pregunta. Todo esto hay que situarlo en el contexto económico y sociopolítico de aquel momento, es decir, en el contexto histórico. De alguna manera, la crisis sistémica estaba reflejando nuestro colapso personal, y viceversa. A partir de ese momento comenzamos a reunirnos un grupo de amigos que compartíamos gustos e inquietudes similares: el cine francés, la Nouvelle Vague, la cultura francesa, el Mayo del 68, la filosofía, el gamberreo, Internet y especialmente el juego. Todos estos elementos dieron lugar a un juego que los aglutinó: la adaptación o el remake del Mayo del 68, y de ahí surgió una nueva pregunta: “¿Cómo sería protagonizar un remake ideológico y estético en este presente y en este contexto de crisis y luchas?” El dispositivo estaba creado, pero no el modo de vehicularlo. Todavía seguíamos anclados en las viejas recetas y fórmulas, esas que determinan los formatos y los medios de producción y financiación de una película. Volviendo de nuevo a la pregunta inicial: seguíamos deseando un amo que nos financiase el documental que por entonces queríamos realizar. Pero ningún productor se enamoró de nosotros. Y recibimos el mensaje con claridad: o confiábamos en nuestro deseo y nos atrevíamos a ponerlo en circulación, o bien continuábamos militando en las filas de la frustración, la impotencia y la exclusión. Y nos atrevimos…

¿Cuáles son vuestros referentes? ¿Qué cine o autores os inspiran o influencian?

Obviamente el Mayo del 68. Solo contando con los referentes exclusivamente sesentayochistas, resultan ser ya numerosísimos: situacionismo, psicoanálisis, happening, freudmarxismo, antipsiquiatría, ciné-tracts, etcétera. Además, al trabajar en colectivo, manejamos referentes diversos y variopintos, como son el estudio de la viralidad en la Red, los Monty Python y Chiquito de la Calzada, la guerrilla de la comunicación y la performance, las técnicas publicitarias, la seducción, Tiqqun y la pedagogía, el esquizoanálisis y los niños entre cero y seis años. Vamos, ¡un auténtico potaje! Pero si nos ceñimos al cine y a los autores que nos influencian e inspiran… todos aquellos que hayan producido imágenes contrahegemónicas. Son muchos, pero podemos reducirlo a tres nombres franceses y uno turolense: Chris Marker, Agnès Varda, Jean-Luc Godard y José Antonio Maenza.

¿Qué queréis transmitir, expresar, con vuestras piezas audiovisuales?

La idea de un remake del Mayo del 68 pretende señalar cómo la historia se repite en un eterno retorno de lo inconcluso: la lucha de clases. Esta revisita no es nostálgica. Por un lado, recuerda lo que ya sabemos, que las crisis y contradicciones del capitalismo se repiten; por otro, evidencia la transmisión, el relevo, la entrega del testigo que se van pasando los movimientos sociales o las diferentes luchas a lo largo de la historia, y también, por supuesto, los creadores. Este sería el paraguas y el código de nuestras piezas audiovisuales, aunque cada una funciona por sí misma con intenciones distintas y de manera atomizada. Pero si las vemos formando parte de un conjunto, entonces podemos intuir la existencia de una toma de posición más allá del remake. Esa posición es la del deseo y sus derivas. Es justamente lo que queremos transmitir, poner en circulación y contagiar. No un deseo de objeto, sino un deseo que se produce a sí mismo, autónomo y colectivo. Por eso nos interesa el juego y la deriva del niño. En pocas palabras: queremos delirar.

¿Cuál es vuestro proceso de creación? ¿Cómo funciona crear una obra de forma colectiva? ¿Qué asume cada persona del grupo y cómo es la toma de decisiones para los contenidos, el tratamiento estético?

Nuestro proceso creativo es bastante delirante; no podría ser de otra manera. Generalmente nos reunimos cada quince días en una ludoteca donde trabaja uno de los miembros del colectivo. Lo primero que hacemos es ponernos al día. Esto no es prosaico; a veces justamente de ahí surgen las piezas. Una anécdota, un hecho observado en la calle o en el metro, puede ser el detonante de una pieza. Aparte, cada miembro expone temas, experiencias u ocurrencias más o menos desarrolladas, y entre todos vamos dándole forma, sumando, asociando otras ideas, nuevos tratamientos o bien directamente desechando. Finalmente solemos acabar centrándonos en una. Mejor dicho, es la propia idea la que acaba centrándonos a nosotros. La idea emergente. Esto ocurre y es algo que nos libera a la hora de tomar decisiones acerca de si una u otra es la mejor. No se comparan o juzgan, sencillamente ocurre. Es como cuando en un grupo se dan varias dinámicas de juego a la vez y es finalmente una de ellas la que acaba atrayendo, seduciendo o divirtiendo especialmente. En todo caso, siempre pueden quedar archivadas. A partir de aquí nos dedicamos a juguetear con la idea, a pasárnosla unos a otros… La estiramos, la retorcemos, la manoseamos como si fuera un moco o una bola de blandi blub. Eso sí, hay ciertos faros que nos ayudan a orientar un posible desarrollo o estructura de la pieza. Por ejemplo, tenemos muy presente el humor y el insight publicitario o psicoanalítico, el te das cuen de Chiquito… Luego, según el tratamiento de la pieza, los aportes dependen más de las prácticas de cada uno. Si el enfoque es más discursivo, surgen los marxistas y psicoanalistas del grupo; en el caso de que sea más formal, saltan los cinéfilos para plantear hacerlo a la manera de algún director francés; si buscamos el impacto o la viralidad, el publicista toma la batuta y el resto damos palmas… Luego, dentro del colectivo, los hay que escriben, editan, operan, aman, ponen el cuerpo, figuran tras las caretas, organizan y producen, imparten talleres o “trollean” en la Red.

En cuanto al tratamiento estético, la fórmula varía según lo requiera cada idea, pero tratando de ceñirnos siempre al juego del remake que nos hemos marcado: blanco y negro, Nouvelle Vague, homenajes varios… Concluyendo con una “maenzada”: “El valor estético de un film es la distancia entre la forma del signo y su contenido”.

Terrorismo de Autor podría haber sido uno de los grupos invitados por Influencers, festival cuyo codirector, Bani Brusadin, definía hace poco como “un contenedor de experimentos” realizados por individuos o colectivos llamados contraculturales o de guerrilla; un conjunto de estrategias críticas en que caben desde acciones muy políticamente conscientes y articuladas hasta proyectos que simplemente quieren participar de la confusión que propicia la red.

Los integrantes de TdA han querido aprovechar la invitación del CCCB para hacer un popurrí de algunos de sus trabajos anteriores, montándolos en una pieza integradora con cierto ánimo “trolero” (de “trol”, no de “trola”, mentira). Me parece bien que subrayen la precariedad (y la opacidad) del mundo laboral cultural. Dada la fiabilidad que han demostrado muchas instituciones en los últimos años, toda desconfianza es poca y todavía hay que trabajar mucho en pro de la transparencia deseable, como diría, sospechosamente, cualquier político corrupto. Sin embargo, comparándolo con lo que me han pagado a mí últimamente por ahí, creo que la inclusión de su trabajo en Pantalla CCCB no está tan mal pagada (aunque parece que han olvidado dividir el euro por el número de integrantes del grupo).

No me parece muy afortunada la expresión “publicidad sin cliente”, que los de TdA utilizan incluso para charlas teóricas. Quizá sea por mi especial aversión a la publicidad. Si se presenta como publicidad o propaganda, hasta la verdad se convierte en mentira. Muchos realizadores de publicidad y videoclips de los caros también son admiradores desacomplejados de la Nouvelle Vague, aunque menos irónicos que TdA. Esos realizadores sí que cobran mucha pasta por sus trabajos, pero recordemos que allí donde hay dinero hay violencia, y que donde más dinero hay es donde más violencia se respira. ¿Estamos dispuestos a aguantar las servidumbres y estupideces a que obliga el sacrosanto negocio de la publicidad? Incluso trabajando por placer y diversión, la marca TdA no puede dejar de ser cliente de los TdA publicistas. Piensen también que el CCCB, en cierto sentido, hace publicidad de sí mismo al invitar a TdA a la pantalla de plasma del confortable Archivo Xcèntric.

Se habla hoy a menudo de la (poca) salud de las instituciones y los medios públicos. ¿En qué consistiría una televisión abierta como la que soñaba el gran Jaime Davidovich, capaz de divulgar seriamente el pensamiento, las artes y la crítica al sistema? El CCCB forma parte del sistema, pero, al igual que otras instituciones, tiene grietas por las que se introducen visiones antagónicas, como de contrabando. La mejor institución sería, quizá, la que más grietas tuviera, la que permitiera que se filtraran más críticas dirigidas contra ella misma. En este sentido recomiendo un breve vídeo en castellano de John Holloway titulado No existe la pureza revolucionaria, pureza de la que se ríen los TdA mezclando a Marx, por ejemplo, con Froilán de Todos los Santos en sus caretas. No debemos escandalizarnos demasiado por el ánimo transgresor de estos jocosos vídeos. Algunas de las irreverencias que se pueden ver aquí me recuerdan cosas de la comercial serie británica Double take (Channel 4), de Alison Jackson, claro que en Gran Bretaña nos llevan bastante ventaja en estas cosas.

El humor crítico de TdA juega también con la cinefilia y la erudición a la que tanto contribuyó la Nouvelle Vague con su manía de citar, manía que ellos comparten, siempre sobre un fondo de ironía. “Queremos delirar”, declaran en la entrevista. Resulta raro decir que se quiere hacer algo que significa “desvariar, tener perturbada la razón por una enfermedad o una pasión violenta, decir o hacer despropósitos o disparates”; principalmente porque esas son cosas que se hacen sin querer. También dicen seguir lo que llaman, a la situacionista, una “deriva niño”, que podría cuadrar con lo de los despropósitos, disparates y reiteración de pensamientos absurdos que contiene la definición de delirio. Aunque la referencia a lo infantil podría aludir a la mirada todavía poco viciada de los niños, capaz de ver cosas que los adultos ya no vemos. Rafael S. Ferlosio, en su pecio titulado La contracultura, escribe: «El niño que osó decir “El emperador está desnudo”, ¡ay!, acaso también estaba pagado por el propio emperador ». Así es, la integración de la protesta es quizá la forma más progresada de censura de las democracias actuales. Como dice Holloway en el vídeo que les recomendaba más arriba: “Estamos en un mundo antagónico, en una situación contradictoria.”

Félix Pérez-Hita (Realizador y crítico cultural)

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