Jonathan Cremades
Mi nombre es Jonathan Cremades y nací en Valencia en 1985. Animación, documental, experimental, videoclips, vídeo-collage, apropiacionismo y live cinema son algunas palabras claves que caracterizan mi práctica audiovisual. Licenciado en Comunicación Audiovisual en la Escuela Politécnica Superior de Gandía, en 2013 curso el máster de Producción Artística de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Politécnica de Valencia, donde desarrollo mi tesis sobre el vídeo-collage sonoro y realizo la pieza Arrebatado. Me gusta el juego que da el collage para descontextualizar las imágenes, vengan de donde vengan, para luego manipularlas y volverlas a relacionar. En este sentido me fascina el trabajo de Virgil Wildrich o de Vicki Bennett.
Mi actividad artística se completa con la música. De una forma más autodidacta, desde hace algunos años participo en varios proyectos que me permiten experimentar y aprender a utilizar diferentes herramientas, generalmente sintetizadores, teclados y pedales de efectos. Me apasionan los loops, la reiteración y la psicodelia. En mi proyecto Tarántulas Pentium confluyen el vídeo y el sonido en directo.
Actualmente trabajo como realizador, operador de cámara y editor freelance; también como docente en talleres audiovisuales. Además, desarrollo proyectos personales.
La heterogeneidad que caracteriza la obra de Jonathan Cremades nos puede dar una pista de cuáles son algunos de sus intereses: la música, el videoclip, el collage y el trabajo con la mezcla de formatos, la experimentación visual, el found footage o la interrelación de mundos analógicos y tecnologías digitales.
En Arrebatado (2013), Cremades homenajea al cineasta Iván Zulueta, y lo hace mediante la apropiación y reinterpretación de algunas imágenes de Arrebato, su película más representativa. En Arrebatado, las modificaciones en el color y el uso de las pausas, las rítmicas repeticiones visuales o la utilización de la música crean un proceso en el que la narrativa deviene cada vez más abstracta y el foco de atención se desplaza hacia los aspectos más formales de la obra. Convierte así la imagen fílmica en un videocollage que insta a reflexionar sobre la propia naturaleza de las imágenes, como ya lo hacía originariamente –aunque de otro modo bien distinto– la película de Zulueta.
En Arrebatado, el ritmo al que se suceden las imágenes, acompañadas de un sonido persistente, provoca un crescendo que se convierte en una catarsis a modo de íntima confesión cinéfila. Confesión que hasta cierto punto también encontramos en Antonio en 8mm (2009), documental que el autor dedica a su abuelo, del que tan solo es capaz de reconstruir un recuerdo mediante fotografías o vídeos, y a quien no puede evocar directamente ya que murió cuando él apenas tenía cinco años de edad. Cremades empieza su obra con esta confesión: no es capaz de recordar a su abuelo. No es capaz de recordar su voz, su cara o sus gestos. El abundante material en Super 8 que Antonio grabó durante años aparece en pantalla junto con algunas viejas fotografías y nos da una pista de los posibles nexos de unión entre él y su nieto Jonathan: la ficción (o más bien la obsesión) por el cine, por capturar la realidad, controlar el tiempo, ralentizarlo e incluso detenerlo a voluntad.
Cremades reconstruye la historia de su abuelo a partir de diversas imágenes, de retazos de cotidianidad fotografiados con una vieja cámara y de anécdotas narradas por su padre. Aquí tienen cabida las reminiscencias de una cámara tanto de evocar fantasmas como de vampirizar a aquellos que se convierten en objetivo; aquellos que por fin se rinden y se resignan a mirarla de frente. La aparición de una vieja caja repleta de rollos de Super 8 es el origen del retrato que Cremades hace de su abuelo y Antonio en 8 mm se convierte así en un doble diario, personal y metacinematográfico, ya que las relaciones que los protagonistas entablan con el cine y la imagen delimitan, de alguna manera, sus propios vínculos con el mundo y con aquellos que les rodean.
Pero el video experimental, el collage cinematográfico o el diario fílmico no son los únicos intereses del autor. Defensor de la libertad creativa que deriva de la música, Cremades es autor de obras como el videoclip para la canción Ambición (2015), del grupo Aullido Atómico, en el que mediante el uso de la rotoscopia, coloreando a mano más de dos mil fotocopias en blanco y negro, consigue transmitir la frescura y el dinamismo de la canción. Utiliza lápices y rotuladores, como esos que utilizábamos cuando éramos pequeños y no teníamos miedo de salirnos de los márgenes en aquellos libros para colorear a los que dedicamos tanto tiempo de nuestra infancia.
Marla Jacarilla (artista visual y escritora)